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DECONSTRUCCIÓN
Aunque en España aun no tiene fecha de
estreno, en Londres hemos podido ver The
Cabin
in the Woods,
una película imprescindible para el amante
del cine fantástico, de terror y, por
extensión, del cine de género.
Ya escribí en su momento una crítica
para Planta 13, que Frank y Maruja se
encargaron de compartir con todos
vosotros
en el
Facebook de Cookies.
Así que no voy a entrar en detalles sobre el
filme, lo que voy a hacer es lanzar una
serie de normas, tópicos y claves del cine
de género. Este mes deconstruiremos el cine
de género gracias a The
Cabin
in the Woods,
aunque seguiremos las reglas del slasher
tipo Viernes 13, por ser el que el
filme de Goddar
y
Whedon critica y homenajea de forma más
explicita.
Y para ello, lo primero es elegir qué nos va
a perseguir, quién o qué va a cazar a
nuestros protagonistas, cuál será la amenaza
que el espectador al mismo tiempo teme y
busca en la película. Y aunque cada año se
estrenan filmes de todo tipo, es cierto que
el cine va por épocas, y cada época está
marcada por un subgéneros. Tenemos la
temática religiosa, con exorcismos y
demonios haciendo travesuras en su lucha
inmortal contra El Bien. Luego están las
tramas sobre infantes malrrolleros en
Asia, que tuvieron una gran acogida entre el
público no hace muchos años. Tenemos las
siempre recurrentes casas encantadas y los
fantasmas puñeteros y, por supuesto, los
slashers tipo Viernes 13, La
Matanza
de Texas
o Scream (aunque ésta también juega a
deconstruir el género). Luego tenemos la
moda de la porno tortura impuesta por la
saga Saw y sus derivados tipo
Hostel. Por supuesto, no podemos olvidar
a criaturas míticas como hombres lobo,
vampiros o los siempre recurrentes monstruos
y criaturas salidos de la imaginación de
Lovecraft; los aliens con tendencia a
reventar pechos, criaturas mutantes o
prehistóricas
con sed de sangre y los zombis, que nunca
pasan de moda y que pueden volver
a ser la moda gracias al estreno de Guerra
Mundial Z, que protagoniza Brad Pitt con
vistas a un estreno en 2013.
Una vez hemos elegido la amenaza,
seleccionamos una localización. Aquí
disponemos de muchas variantes, pero los
tópicos nos llevan a zonas abandonadas en
las profundidades de Texas. Muchas historias
se desarrollan en los barrios de clase media
en los que vive la mayoría de los
espectadores de estas películas y que son
apropiados para thrillers sobre vecinos
asesinos, viejos fantasmas en busca de
venganza o slashers como Pesadilla
en Elm Street. No podemos olvidar las
casas y campamentos junto al lago, siempre
alejados de la civilización y a kilómetros
de la civilización.
Así que, una vez elegida la localización y
la amenaza, nos queda elegir a los
protagonistas. Y las opciones del género
suelen ser clásico-tópicas de la muerte, así
que aunque haya variables, los tópicos del
género dictan que tengamos cinco personajes
prototípicos, especialmente al centrarnos en
los slashers.
La protagonista suele ser una virgen, aunque
a día de hoy eso está un poco complicado
visto el ritmo de las nuevas generaciones.
Inocente, virginal, de gran corazón pero,
sobre todo, luchadora. Tiene que aparentar
ser débil pero será la más fuerte, la que se
merezca sobrevivir al terror, aunque ya no
vuelva a ser la misma tras lo vivido.
Luego está la jovenzuela que va en plan “I’m
sexy and I know it”. Suelen ser mujeres a
las que les gusta enseñar cacha y que
ofrecen un poco de carnaza gratuita. Una de
dos, o caen las primeras o resulta que son
la mala de la película.
El siguiente prototipo de personaje es el
colgado, el fumeta. Aquel al que como está
todo el día ”puesto”, nadie toma en serio. Y
siempre es el primero en darse cuenta de que
algo raro está pasando. Suele ser empleado
por directores y guionistas como alivio
cómico y, en ocasiones, es la voz del
espectador, alertando al resto del grupo de
lo que está a punto de ocurrir.
Luego tenemos al guaperas de turno, al
macizorro deportista que se lía con la
golfilla y que intentará hacerse el héroe,
no tanto por ayudar, sino por hacerse el
“macho”. Las consecuencias, claro está,
desastrosas. Y la audiencia terminará
degustando una a una las onzas desmembradas
de su tableta de chocolate.
Y siempre suele aparecer otro personaje
masculino, el tipo sensible, mono pero no
espectacular, el interés amoroso de la
protagonista y que pasará desapercibido
hasta que demuestre que tiene más valor que
el guaperas protegiendo al grupo,
demostrando que más vale maña que fuerza.
Por desgracia para
él
(pero por fortuna para el aficionado),
suele fracasar en el intento (o al menos
parecer que lo hace hasta el clímax
final).
Y una vez establecidos los personajes, las
situaciones y los tópicos se suceden casi
sin proponérselo. En cuanto introduces
jóvenes adolescentes en una película de
terror el sexo no tarda en llegar
(normalmente en off, nunca mostrando más que
unos pechos, a veces tan sólo unas braguitas
y algo de lencería). Se sucederán las
fiestas, el alcohol, las drogas y los
escarceos carnales, empezando a mostrar un
poquito de la carnaza que luego será
alimento de la amenaza en cuestión.
Porque tan pronto como corre el alcohol,
sabemos que empezarán a caer los
protagonistas, cual moscas, uno por uno. Y
aquí es donde empieza la diversión. Porque
siempre está el personaje que dice “ahora
vuelvo” y sabemos que nunca volverá. Pero,
claro, usted ya es perro viejo en esto del
cine de terror. Así que los guionistas ya no
suelen matar a ese que se aventura en la
noche en solitario, suelen matar al que
espera en la seguridad. Como se dijo en la
última película que deconstruyó el género,
Scream 4, “lo inesperado es el nuevo
cliché”.
Y es que el espectador va buscando que le
sorprendan las muertes, que jueguen con sus
emociones y expectativas. Quiere que las
muertes sean lo más originales posibles.
Especialmente tras la saga Saw, en la
que se han visto las más explícitas,
violentas y sí, por qué no decirlo,
originales muertes del género en muchos
años.
Y todo ello debe llevar a un clímax
en el que la virgen, nuestra protagonista y
al más puro estilo de Los inmortales
(sólo puede quedar uno) esté a punto de
morir a manos de la bestia o asesino. En
algunas ocasiones se deja que la virgen sea
salvada in extremis, cuando todo
estaba perdido, por el chico mono y
sensible, venciendo juntos al mal.
Sólo para descubrir que en el cine de
terror, como ya proclamaba Zombieland,
casi deconstruyendo el subgénero zombi, hay
que seguir una regla básica al enfrentarse a
la amenaza.: “Mata, y remata”. Pues en el
cine de terror los malos nunca mueren. Y
cuando parece que todo ha terminado, que los
protagonistas se han librado de la amenaza,
el mal resurge de la forma más insospechada
(incluso ridícula) posible.
Pero a veces, y especialmente tras la éxito
de El
Sexto
Sentido,
se lleva mucho en el cine de terror el
denominado “giro final”. Se trata de una
revelación, por tanto, que los creadores
dejan para el final y obliga a revisar toda
la película. Ocurrió con Saw también,
obligando a un giro final cada vez más
sorprendente y rocambolesco. (Ojo, porque
sin destripar, puedo decir que el tramo
final de The
Cabin
in the Woods
es antológico por inesperado y desatado).
Desde luego,
generalizar tanto sobre el género de terror
no es la mejor opción y una auténtica
deconstrucción
requeriría de cientos, sino miles de páginas
en un compendio que haría las delicias del
profesor más sanguinario de cualquier
facultad de comunicación o escuela de cine.
Así que ahí lo dejo, una deconstrucción del
género basada en esa
"joyita”
aun por estrenar que es The
Cabin
in the Woods,
escrita entre Goddard y Joss (Los
Vengadores) Wheddon.
Sólo me queda hacer un llamamiento
para que el Festival de Sitges programe la
película para disfrutarla con su público
objetivo número: el amante del cine de
terror.
Diego Sánchez
Planta 13
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